24 de noviembre de 2011

El tiempo de la prueba

Tenants of the house
Thoughts of a dry brain in a dry season.
T. S. Eliot, “Gerontion”

los días han comenzado a perder sus hojas,
y aunque todavía es verano, se acerca la hora del recogimiento,
                       la edad del desprecio,
y ya no es tiempo de recordar


y te recuerdo

empañando callejuelas, ventanas, ataúdes
con tus belfos de camello
en busca de otros días, otros
perfumes,
a solas con tu
   caravana de fantasmas,
         hombre de la esquina trasera,
muerto de ti, doblado por el peso de las sombras
a la hora en que la mar descarga sus entrañas

oh, tú,
en cuyas manos
húmedo palpita
el peso de la ausencia
                                 de las caricias
                                 de las lenguas
torre de babel
que en cierto año aspiraste los vapores
de las calles ardorosas en verano,
tú,
cuyos labios se adherían a la estampilla del paisaje
si besabas las sombras vivaces del espejo,
réplicas enmohecidas que invaden
los pasillos atestados
     de recuerdos
                cuando zanates
en bullicio se recogen
bajo las naguas de tul
del laurel de india!

                   dime: ¿echó raíces ya el árbol que plantaste en el verano
                   ¿te reconoces en el desierto de la oración?
¿has encontrado la senda que conduce al lugar de Realidad?
aquellas voces que en tu cuerpo conversaban
la piel dentada de las mañanas de domingo,
la lengua de las sábanas
salivando, lamiéndote
la oreja del ombligo
¿no pertenecen igualmente a Dios? ¿No es todo ya asunto de la
muerte? ¿No sientes que el silencio del mundo es culpa nuestra,
nuestra la caída, nuestro
el haz de cristales rotos en la iglesia?

y mientras las nubes son escombros de la tarde
crece en silencio el fragor de la derrota
y en los anchos pasadizos de la mente
             resuena
la voz del viento atronando en las ventanas,
plegando el paisaje al acordeón del alma;
páginas de un libro que se cierra

y retumba en mi sepulcro,
pies que suben y bajan
los peldaños de la cripta,
pisadas,
hojas crepitando cuando de adolescentes volvíamos
y nuestros ojos se encontraban
con la ferruginosa úvula
lunar
pisadas,
esa vez volvíamos,
pisadas,
hojas crepitando,
pisadas,
el otoño es un demiurgo
que con polvo engendra
ejércitos de barro
   fúnebre cortejo en que vislumbro
los labios, las caderas
de las mujeres que no tuve y los hijos no llamados
cadáveres
     que crujen, arden en la mente,
ríspido sonido,
lento como el tartamudeo del reloj en madrugada,
y no hay tiempo, no hay tiempo,
para volver a esos jardines,
borrar estos cuatro años
y hundirme en la multitud que Moloch arroja
a las calles negras de los bares,
los días mudan ya del verde al amarillo
y el rojo encendido de sus labios,
no es ya mío, no es ya mío,

oh, tú, quien escucha y a quien le hablo, considera
aquellas lenguas que afilan los brezales
y en el sueño exhiben sus cuchillos:
es tan vasto el tiempo de la prueba
como el abismo en que se hunde el día

A Gerardo Ventura

30 de agosto de 2011

José Homero habla de sus lecturas de infante

En julio ofrecí en la Feria del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa una conferencia, con más visos de charla, en torno a la lectura y a mi formación como lector. He aquí una cápsula de esta conversación.
José Homero from dosmilunofilms on Vimeo.

10 de agosto de 2011

POEMAS en PUNTO de PARTIDA

Alejandro Albarrán Polanco, joven poeta oriundo de México pero avecindado en Xalapa por años, compiló en la revista Punto de Partida una antología de jóvenes poetas de Veracruz. A Ramón Rodríguez y a mí nos alineó en el Árbol Genealógico. Comparto con ustedes esta selección invitándolos sobre todo a leer a los jóvenes poetas de Veracruz. He aquí el número 167 y la antología 18 poetas de Veracruz. 

18 de abril de 2011

La noche extrae…

La noche extrae el calor de los cuerpos
Los pájaros se guardan en el regazo de los mangos
Las persianas descienden
tajando ávidas el día
y en los bares
los solitarios se distribuyen en parejas
se encuentran en las sombras con su sombra.
Hay vampiros en la ciudad, hay muertos que andan
desolados, aquejados por la angustia
de no hallar su doble, de convertir el amor
en cónyuge del hambre, de no tener
sangre y estar fríos, alimentándose del deseo
y el rencor de las creaturas.
Es el tiempo la comunión de estos vigías
Su caminar es elíptico, su espacio la abertura
la encrucijada entre mañana y el pasado
la zona bosque que delínea
el aroma de la hembra
cuando
siguiendo su frondura
se internan por territorios marcados con saliva
en busca de esa savia
que une cuerpo árbol y tierra
Su ansiedad corroe los espejos
En sueños y recuerdos descubren pasadizos
y pendiendo bocabajo
sazonan la razón de las doncellas
o con pálidos efluvios mercuriales
cuerpos de infantes
amortajan.
Son ellos nuestros padres
Bajo la piel incuban moyocuiles
Su descendencia
atroz
multánime
el mundo muda
en yerta tierra
que cine televisión video fotografía
simulan encantada
Sonámbulos
atravesamos esas sombras que simulan estar vivas
sin poder huir o entrar en su círculo de ajo
y en el sitio donde sueño y vida se diluyen
lenguas de fuego en nuestra piel provectan
la argentina cinta de la vida
buscando orificios
encontrando las tetillas
dejándonos ansiosos
inermes
a las bocas del ardor y la impotencia
Cuando dormimos
nos visitan sombras
ofreciéndonos la vida
a cambio del diferimento de su muerte.
Nadie los descubre cuando entran
cuando luyen texturas que son fuente
de doblaje y donde no se encuentra un rostro
hasta que el corazón supura un líquido podrido
y la ciudad entera resplandece
embetunada por el Negro Sol de la Melancolía
y todos sus habitantes saben
que ya es verano, que un congreso de vampiros se celebra,
que en bares, discos y avenidas
deambulan
y sólo encuentran
voraces labios de inventados ojos

3 de marzo de 2010

Descendemos del Volkswagen

Descendemos del volkswagen

Con la lenta premura del cansancio

Aire azul límpida fuente

entre los negros

brazos de los arbustos y el follaje

Una de ellas dice

vámonos

La otra asienta y tú me miras

Manos frías, aletean, se posan

en el hombro, en la espalda, la cintura

de una de ellas.

La otra dice:

O nos dejan en paz

O nos vamos

Caminando


Caminando

Aquella bóveda, los asientos apestosos a cuero,

sudor, gasolina

con calcetines sucios

No nos llega el aroma del jazmín

O de la rosa

Solitaria llaga en las piedras de esa noche

Estamos solos en medio

de la luna

Brocal o espejo o humo

-o de ronda o naranja

o alada

o que se rompe


caminamos

caminamos

A Miguel Ángel Rosales

9 de diciembre de 2009

Fueron a traer un árbol a mi infancia

Fueron a traer un árbol a mi infancia

a recoger capulines fueron

No recordaba la franela y el esmalte

de las yertas alas de sus flores

a los azulejos

picando incandescente resolana

dejando herido al árbol

con pústulas en tallo.

Trajeron pepeluises, pechoamarillos, primaveras,

protegidos con las anchas bocamangas

de las hojas de pantano.

Traían el cabello alborotado

los dedos sucios de carbón

silbaban

una canción que resuena

en la casa abandonada del poema


canción de zampoña y de oficio vago

canción errante de las tardes suspensas

al bloque de una infancia

uncidas


Fueron a traer un árbol


y volvieron con un cestillo plástico,

donde venían tamarindos,

rebosando capulines



su dulzura aún nos empalaga


A tirar capulines, a coger chinchirrines

a atar su cola con hilos rescatados del cajón

inservible de la máquina

fuimos

meciéndonos tras un biombo de cartón

en el puesto de dulces

con la abuela


Vino el árbol, con capulines

y pájaros y canción y vendedores,

vinieron el pantano y el petróleo

y también triciclo, abuela, reyes

se vino todo un bloque de pasado

que ahora crece en el poema

y no sé dónde instalarlo;



bastaría con que siguiera jalando

y saldrían el arroyo de aguas pestilentes,

el zaguán con su puerta macerada,

el sonido del martillo cuando abuelo

desmontó las ventanas

Vendría la noche

y nos sentaríamos en el pórtico

y me daría miedo entrar, correr,

encontrarme solo en el comedor,

en medio de unos muebles —altos, duros—

rodeado de fantasmas,

como ahora


Los chaneques quieren llevarte, hijo,

dice mi madre. Me están poniendo un escapulario

alrededor del cuello, las tijeras

abajo de la cama. No dejen que se vaya

no dejes que homerito juegue solo,

No puedo estar allí, no puedo correr,

mis pasos retumban en los cuartos vacíos,

abro las ventanas, el olor del pantano

se aposenta, “son mis dominios”, dice,

mostrando sus encías oscuras, resoplando.

La casa entera podría irse

¿quién pagaría renta? ¿dónde estaríamos?


Grito para escucharme en cada eco




si recuperara todo

depositaría aquí, en orden,

clasificado

lo que no recuerdo

lo que sólo viene acompañado de un recuerdo.

Y si todo estuviera aquí

quedaría vacía la casa y yo podría

entrar

solo

niño

sin madre

abuela

y gritaría y no me asustaría

y no habría quien escribiera




allá

estaría

15 de junio de 2009

HAY EN SÍ UNA ESTACIÓN QUE EL VIENTO IGNORA…

Hay en sí una estación que el viento ignora

y en el verano emoliente llega

sacudiendo en las alas el sopor,

dejando en la arboleda un reguero

azul, una telaraña de oro.

En el breve verano el cielo escampa

y estampa el sol su acero en las palmas

en la temprana hora cuando azul

en volúmenes se ordena la distancia

y lúcida luz arquitectónica

en ángulos dispone jerarquías

y calles traza y en la piel proyecta

los lindes que convierten mundo en plaza.

Este lento verano, éste gozo

aleve, inesperado por buscado,

que implanta su verdura en los abrojos

y la memoria sella con sus labios

clausura toda duración.

Su ciclo

es del placer que no se agota o sacia

e inscribe en los sentidos muda dicha;

húmeda llama que el viento azora

24 de marzo de 2009

Toda la noche ha caído la lluvia…

Toda la noche ha caído la lluvia

la noche entera ha sido la lluvia

la noche afuera se pierde en la lluvia

la lluvia toca con sus dedos tus labios

la lluvia con su terintín de niña

en el piano verde de la noche urbana

la lluvia caracola que ha perdido el oído

la lluvia la lluvia su

lavar de sílabas

abismal monólogo de niño perdido

extravío de luces amnesia de horas

lluvia en las láminas y entre los terrados

lluvia chaquiste compota libélula

lluvia con olor a espliego a sapo a piedra

lluvia de los pies alados mensajera ebria

cantilena siena solterona sepia

que vuela que gira que enreda

su cordel de mimbre en cabellos de ámbar

lluvia de la cintura quebrada cadera de espuma

ola que baila al pespuntear del peine

que trenza se piensa se tensa

se va de puntitas

se desploma exangüe

lluvia miríada mirada mirada reflejo del mundo

origen del día por el día sus venas

por la sangre el fuego por su tez la lava

se lavan las costras las costas

las cuestas laderas las eras del año

se cosechan brezos se levantan besos

que llevan a cuestas las horas del baile

e ilan sus cuentas en hebras de aire

31 de diciembre de 2008

UNA MAÑANA CONCLUYE DE SÚBITO…

Una mañana concluye de súbito el verano.

Amanece más tarde y la mañana no es de oro sino azul,

un azul sedimentado por las entrañas de la tierra,

y un hervidero de hojas comienza a murmurar

carcomidas por la oruga del otoño.

El mundo entero arde con una desazón insoportable.

Quemadas hojas

se desprenden del calendario vencido

planean

moribundas falenas

en la lengua bífida del aire

 

 

caen en tierra

la negra tierra convertida en tumba,

de miríadas de cacerolitas

membranas que mis pies trituran

apenas si escuchándose

el crujido

25 de diciembre de 2008

CUANTO


 

no tiene sentido hablar

de si una partícula subatómica

tiene

simultáneamente

una posición exacta

un momento exacto

 

Las cosas deben decirse

a su momento

dice

y desvía la vista

 

Elegirse elegido es vicio

Cada cosa en su momento

Cada gesto en su sentido

el abandono

el gozo

la túnica tonada que ciñe y cambia

amante en amado

y muda silente en sílaba salada

la sola sirena de la lengua que ama

lame y no llama

pero sí enciende

con distinto sentido el mundo

 

Lo que se dice no cubre

Lo que descubre no hace

 

Bajo las matas

En los pajonales

Sobre los puentes

En los canales

 

La mirada y su urdimbre de intenciones

las manos  los labios insinuando

otro sonido

el borde dentado del sentido

cuando el aire la alcanza con sus lenguas

 

¿Es un espacio

un momento?

¿ese lugar

en movimiento

un sentido?

¿un universo donde te encuentras

invertida

no vestida

ahí donde te alcanzan las miradas

ondas

círculos tocándote?

 

no es en la noche lo inquietante

el techo arriba

constelado

es lo que mueve al navegante

si va buscando y no es

buscado

 

 

Los sentidos impelen

llevan al territorio

donde ella ríe

toca sus pómulos con los índices

tira de sus comisuras

y promete

de cada cosa hablar a su momento

 

El mundo existe como una red de signos

El computador muestra en su abdomen

el rumor del sentimiento

el despliegue de los guiños

el acomodo de los intestinos

agitación de sus humores

la convicción de lo probable

 

Hay una torpeza en movimiento

Decir las manos cuyas alas

rumbo tienden a su boca

O hablar de un futuro como quien la costa otea

de la mar de sus cabellos

oir los ecos

(el hueco rumor de las sirenas)

de las citas

 

Ese momento

en que se halla y no se rasga

la piel de los sentidos

propone

un sentido

pospone

una cita

 

Deja que a través de la mirada su cuerpo reconozca

mientras la lluvia con tordos mensajeros anuncia su llegada

 

y él se marcha

serio silente desolado

vencido por señales tan sombrías

que los chips no reconocerían

esa ocurrencia

que no tiene momento ni lugar

aunque suceda